En mis ratos de ocio me gusta escribir piezas libres, y ahora mismo tengo entre mis manos el primer capítulo de una obra que será monumental, cuando el momento sea indicado le dedicaré su propio blog, pero por ahora la comparto con ustedes mis amados lectores. Denme su opinion
Saludos.
El frio le calaba hasta los huesos, cada músculo de su cuerpo se tensaba. Tenía las extremidades semientumecidas por el crudo frío del ambiente. Una ligera brisa de copos de nieve le cubría el torso desnudo. Los pinos cubiertos de polvo blanca a su alrededor se mecían con la brisa invernal. El joven alto y moreno se encontraba rodeado por siete gigantescos lobos, y cada uno de ellos enseñaba amenazadoramente sus filosos y letales dientes. El joven aparto un mechón de cabello negro de su frente y apretó firmemente la lanza entre sus manos. Estaba listo para atacar. Estaba listo para matar. Un lobo de pelaje negro, el más grande de todos, fue el primero en moverse. En un rápido y fugaz movimiento estiró por completo su cuerpo y se abalanzó sobre la presa. Todos los lobos le siguieron con movimientos similares. Y después de que todos los animales se hubieron movido el joven lo hizo también. El oso victima de los embates les miró en un principio extrañado, estaba acostumbrado a ser intocable, ¿Quién se atrevería a meterse con él de todos modos? No tardó mucho en darse cuenta que ese curioso grupo de lobos se estaba preparando para atacarle, y más extrañamente aún, un simple humano tambié. estaba en guardia. El primer atacante le mordió un brazo, el oso con un rápido manoteo se lo quitó de encima, los demás lobos que siguieron sufrieron destinos similares, fueron violentamente aventados a la distancia. Todos los animales se pusieron de pie rápidamente, pero extrañamente no atacaron, esperaban algo…
Finalmente el joven se lanzó a atacar también, el oso ya le esperaba, y se encontraba mas que furioso, las garras de éste hicieron una profunda herida en el pecho de aquel muchacho que de inmediato empezó a sangrar. Si eso dolió el chico no dejó que se notara pues no emitió ni un gemido de dolor. El oso se abalanzó violentamente contra su inusual presa, éste no se movió ni un centímetro hasta que la bestia estuvo al alcance de su lanza. El arma se incrustó en el estomago del oso el cual dejó escapar un rugido de dolor. El joven clavó su lanza hasta el fondo y en una ágil maniobra tomó el cuchillo que yacía en su cintura, trepó a la espalda del oso y le cortó el cuello. La bestia cayó muerta al instante.
-Bien hecho príncipe Yéneos- dijo el lobo más grande- esto prueba que ya eres apto para cazar a nuestro lado-
-Aún no estoy listo Remo…me hirió…aun no soy digno…- dijo avergonzado el joven
-No te presiones tanto aún joven príncipe- contestó el lobo acercándose al chico- en años lobo apenas eres un cachorro-
-Pronto tendré veintiún años, lo que significa que podré suceder a mi padre como rey, y aun no soy digno- dijo cabizbajo el joven.
-Yéneos, eres apenas el séptimo humano en ser admitido para cazar en una manada, deberías estar orgulloso de eso-
-Lo estoy, ¿Puedo montarte Remo?-preguntó Yéneos ilusionado-me haría bien ahorrarme la caminata-
-No presiones chico, sabes bien que para que un lobo te permita montarle se necesita un vínculo sin precedentes, y hasta ahora nadie jamás lo ha logrado- dijo Remo rechinando los dientes.
-Si lo sé, pero tenía que intentarlo- dijo sonriendo Yéneos.
-Vámonos, es momento de volver a la guarida- y mientras Remo decía esto profirió un aullido tal que se le heló la sangre al príncipe, ya varias semanas a su lado y aún no se podía acostumbrar a la majestuosidad del aullido de un lobo alfa.
Todos los lobos corrieron en la dirección guiada por Remo, Yéneos les seguía a una distancia no mayor a 5 metros, siendo humano era algo para notarse.
Correr con los lobos, era una de las cosas que mas le gustaba a el joven príncipe. Sentir el viento en su cara y ejercitar sus piernas era un simple delirio de gozo. Se sentía más libre que nunca.
Una vez en la caverna, que hacía las veces de guarida para los lobos, sacó unas hierbas de su morral para curar su pecho.
-Ouch- dijo Yéneos
-¿Qué sucede?-preguntó un lobo cuyo pelaje era levemente rojizo-
-nada Rubén, solo arde un poco-
-¿Cuánto tiempo más te quedaras?- inquirió el mismo lobo.
-Solo esta noche, ya estoy en problemas por haberme quedado tanto tiempo, debo volver a mi campamento- y dicho esto el joven se acurrucó en su nueva piel de oso y durmió.

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-¿Dónde rayos te habías metido Yéneos?- llevamos días buscándote- dijo un joven igual de moreno pero un poco mas bajo que Yéneos.
-Y aún así no m han encontrado- respondió el príncipe sonriente-calma Mizar, ya estoy aquí-
-No es gracioso, algo está pasando. El coronel Angelus desea verte en el acto, al parecer hay noticias desde la capital-
-Muy bien, voy en camino- dijo resignado Yéneos
El coronel Angelus era un militar veterano, 115 años de servicio y aún se sentía como un joven de setenta. Hace unos años había sido asignado a la provincia exterior para el entrenamiento de nuevos soldados, “el infierno congelado” así le decía el coronel a este lugar.
-¿Sabes porque viniste a la provincia exterior Yéneos?- preguntó el coronel que se encontraba sentado en su silla de piel de búfalo marrón, descansaba los pies en su viejo escritorio.
-Pues seguramente no a que me regañen- contestó altanero el príncipe
-Todo lo contrario chaval- dijo Angelus mientras se paraba violentamente de la silla- viniste aquí para convertirte en un guerrero de elite, para ser lo mejor de lo mejor, para ser un digno sucesor de la corona real- gritó el coronel perdiendo momentáneamente la postura.
-No entiendo qué más quieren de mi-gritó Yéneos- soy fácilmente el guerrero más hábil de todo el campamento, dómino las 29 armas básicas como extensiones de mi cuerpo, ¡por Hideg! ¡Incluso fui aceptado por los lobos!-
-Y aún así eso no significa nada-dijo Angelus mientras se volvía a sentar- no has aprendido lo más básico, aún no eres humilde, me temo- concluyó el viejo militar, se apreciaba frustración en sus ojos.
Yéneos estaba atónito.
-Como sea, no es eso por lo que te he llamado, tu entrenamiento será interrumpido por el momento-
-¿Qué?!- Gritó violentamente el príncipe- ¡Eso no es posible! No pueden hacer eso-las venas del cuello del joven se marcaban por su furia e indignación.
-Calma Yéneos, esto es temporal, solo en lo que resuelves tus asuntos en la capital-
-¿Eh? ¿Cuáles asuntos?-le cuestionó el guerrero genuinamente sorprendido.
-Si hubieras estado presente en los últimos cinco días sabrías que el rey pidió tu presencia en la capital hace una semana-
-¿Y cuando se supone que debo de ir?-preguntó interesado Yéneos.
-Mañana, para mañana en la mañana debes estar antes tu padre-
-Es imposible, no hay manera que llegue a Tudor mañana, necesito al menos tres días en un caballo veloz-dijo él, sabiendo muy bien las distancias desde donde se encontraba hasta la capital.
-Es por eso que te asignaremos un caballo salvaje-
-¿Está loco?! Un caballo salvaje es imposible de montar, voy a acabar matándome-
-¿Tan pronto te acobardas Yéneos?- dijo sonriendo maliciosamente el anciano coronel- esa no es la actitud de un rey-
-¿Dónde está el caballo?- preguntó decididamente el joven. A pesar de su bravura, Yéneos era muy fácil de manipular mediante su orgullo.
-Sígueme- dijo una joven que se encontraba en el umbral de la puerta, era morena clara, menuda pero bella.
-¿Lorieth?- dijo asombrado Yéneos-cuanto tiempo ha pasado- comentó el muchacho pensando en aventuras pasadas.
-No el suficiente, vamos joven príncipe-
Viendo como salían de la habitación Angelus no pudo evitar pensar “jóvenes”.
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Los establos eran amplios y estaban llenos de alfalfa, un olor a estiércol inundaba el ambiente, pero esa era la menor de las preocupaciones de Yéneos.
-Lorieth…yo… lamento…-
-Este es tu caballo- dijo la joven interrumpiéndole- fue capturado apenas ayer, tendrás un buen momento domándolo.
-Este…gracias…Lorieth, antes de irme quisiera este…dejar las cosas claras entre nosotros…me podrías perd…- justo en ese momento la joven le llevó las manos a los labios en el gesto universal de silencio y le tomó de la mano mientras le conducía a un cubículo vacio del establo
-Creo que esto dejará las cosas claras entre nosotros- dijo ella mientras se desabotonaba la blusa y le dirigía una mirada retadora al joven.
-Creo que si me perdona- pensó irónico Yéneos mientras cerraba la puerta del cubículo.
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-Montar al caballo salvaje estaba siendo considerablemente más fácil de lo que había sido estar con Lorieth- pensaba el joven príncipe mientras se acariciaba su adolorida entrepierna. Justo cuando él pensaba que Lorieth y él podrían estar una vez más juntos, ella le había propinando tremendo rodillazo en el punto débil de todo hombre. Yéneos se había quedado tirado en el establo al menos veinte minutos.
-Para que me recuerdes-le dijo Lorieth mientras les tiraba un beso.
El camino a Tudor le había resultado fácil en el caballo salvaje, su velocidad era increíble por el hecho de que jamás había sido domado antes. Una vez que fuera entrenado olvidaría como correr a tal velocidad.
-Desde aquí se ven las torres de Tudor, ¿Lo ves darky?- le dijo al caballo Yéneos refiriéndose a él con el nombre extra oficial que le había dado, obviamente el caballo no respondió, todo el mundo sabía que los animales no hablan, salvo uno que otro lobo.
Tudor no había cambiado mucho desde la última vez que el joven había estado ahí, hace ya cinco largos años. Las torres reales se alzaban sobre el cielo de la capital, los caminos estaban pavimentados con las mejores piedras y los estandartes de la nación yacían orgullosos en cada pared. El tráfico era bastante pesado, decenas de caballos de diferentes razas y colores llenaban las calles acompañados por numerosas carretas y majestuosos carruajes.
-Es bueno estar en casa- pensó en voz alta Yéneos, recordando todas las peripecias en las que se vio envuelto en su infancia en la capital.
Como era de esperarse fue recibido como el príncipe que era, todas las jóvenes criadas peleaban por atenderle.
-¿No quiere un baño joven príncipe?- dijo una voluptuosa criada rubia
-En otra ocasión linda-dijo el joven y para sus adentros pensó-lo siento cariño no eres mi tipo-
-Joven, príncipe permítame llamar a su padre- dijo el mayordomo real. Un individuo casi tan viejo como la misma tierra.
-Gracias Theodoseo- dijo sinceramente Yéneos agradecido de que el mayordomo le sacara de este embrollo.
El rey se encontraba en su cama tratando de conciliar el sueño, su semblante era angustiado.
-Padre…-
-¡Yéneos!- gritó el rey con júbilo- hijo mío qué bueno que has venido-el semblante del anciano monarca cambió momentáneamente.
-¿Cómo te encuentras padre?-
-me temo que la muerte ronda este cuerpo decrepito, hijo mío- dijo el anciano con tristeza- solo le ruego a Hideg que me de fuerza para soportar hasta que cumplas la edad necesaria para poder convertirte en rey-
-Padre no digas eso- dijo Yéneos sujetándole la mano firmemente- eres fuerte, eres un rey-
-De cualquier modo hijo, no es por esto que te he llamado, es por algo más formal me temo-
-dime padre-
-En cuatro días tendrá lugar una reunión en nuestro reino hermano de Luminaria para refrendar los acuerdos comerciales, pero por mi delicado estado de salud no podré asistir, es por eso que te necesito hijo, necesito que vayas a Luminaria en representación mía-
-Pero padre aún no soy mayor de edad, faltan dos meses para que cumpla veintidós años-
-No importa Yéneos, sangre real corre por tus venas, ¡el mismo poder que me mantiene con vida te dará fuerza! ¿Sabes que sucederá si muero antes de tu cumpleaños? ¿Lo sabes?- gritó exaltado el rey.
- La línea sucesoria se perderá… y otra casa real ocupará el trono…-contestó el príncipe.
-Exacto hijo, eso ya ha pasado y fue el destino el que nos colocó en el trono una vez más, y tu sabe bien que las demás casas reales no son aptar para gobernar, que Hideg me perdone pero son unos idiotas-
-Padre…- No pudo evitar asentir ante el comentario de su progenitor, las otras casas reales habían abandonado el entrenamiento militar hace mucho, eran cínicos e hipócritas que solo veían por ellos mismo.
-Nada hijo- dijo el rey seriamente- iras a Luminaria y te mostrarás digno-
-Si padre- contestó resignado Yéneos
-Desearía estar con la manada- pensó el joven príncipe, esto de la política va a matarme.

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